LINK DELLE CERIMONIE

ESTUDIO BIBLICO DEL JUEVES 11 DE JUNIO DEL 2020
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SANTA EUCARISTIA NEL GIORNO DELLA SANTISSIMA TRINITÀ 2020 (Italiano)
Cappella della Chiesa della Resurrezione di Orvieto
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CELEBRACION DE LA PALABRA EN EL DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD
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SANTA EUCARISTIA NEL GIORNO DI PENTECOSTE 2020 (Italiano)
Cappella della Chiesa della Resurrezione di Orvieto
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FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD 2020

DOMINGO DE FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Génesis 1:1–2:4ª / Salmo 8 / 2 Corintios 13:11–13 / San Mateo 28:16–20

En este domingo, la Iglesia entera se viste de fiesta, porque estamos celebrado al Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La liturgia de la palabra con textos fantásticos nos hace caer en cuenta que la Trinidad está desde el primer momento de la creación del universo.

En el libro de la Génesis encontramos los primeros indicios cuando la Trinidad se dice: “Hagamos”, luego el Espíritu Santo actúa sobre las aguas para dar orden a la creación. Jesucristo por su parte manda el Espíritu Santo sobre los apóstoles.

Queridos hermanos y hermanas, el misterio de la Santísima Trinidad, siempre ha sido, es y será nuevo. El tema nos puede sonar difícil y distante, a primera vista parecería que fuese un tema de meditación únicamente para los expertos en Sagrada Escritura, pero en realidad no es así.

La Santísima Trinidad, está en nosotros, vive con nosotros, se mueve en y con nosotros, en otras palabras es todo en nuestra vida. Siempre tengamos presente que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos acompañan a lo largo de nuestras vidas; empezamos y terminamos las actividades diarias “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”; los invocamos cuando vamos a emprender un viaje y cuando tenemos que enfrentar una dificultad, al iniciar una actividad. En definitiva nuestra vida como cristianos está marcada por esta invocación, es en la trinidad que vivimos, existimos y nos movemos.

Por otro lado, la Trinidad es la esencia de  la vida sacramental, pues pronunciamos su nombre al derramar el agua bautismal sobre la cabeza de los niños y niñas y también cuando por medio del Obispo somos “confirmados”; invocamos a la Trinidad cuando iniciamos la celebración de la Santa Eucaristía, todas las oraciones concluyen  invocándola y con ella terminamos la Celebración cuando damos la bendición. En si la Trinidad está presente en la administración de todos los sacramentos.

¿Qué queremos significar cuando usamos la expresión “Santísima Trinidad”? Queremos decir que en la unidad de Dios hay tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; de esta manera podemos afirmar que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios; sin embargo, no hay tres Dioses sino uno solo.

Cuando afirmamos “Dios uno y trino”, estamos simplemente afirmando las Tres personas y una naturaleza. El Padre, es Dios, dando forma y color al mundo, haciendo brotar de las tinieblas un torrente de luz, colgando sin hilos los millones de astros que pueblan los espacios siderales, moviendo y guiando las imponderables filigranas de nuestras existencias de nuestras vidas.

El Hijo, es Dios hecho hombre, nacido de madre, vino a la tierra a trabajar con nosotros, mojando con el sudor de su frente de carpintero la madera tosca de nuestros árboles, predicando la Buena Nueva y curando a los enfermos, amando a los hombres y mujeres de este mundo hasta morir por nosotros colgado de una cruz.

El Espíritu Santo, que es el que actúa en nuestro entendimiento para iluminar las mentes y los corazones, así como lo afirmamos en el Credo: “que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”.

Ezequiel nos narra una visión maravillosa cuando ve un campo lleno de huesos secos. De pronto el Espíritu sopla sobre ellos y cobran vida y cuerpo. El Espíritu da la vida, es el soplo de Dios. La fuerza que transforma, el viento que empuja y nos da coraje para enfrentar la vida a cada uno de nosotros que formamos su Iglesia Santa.

En palabras de Javier Gafo, destacado moralista español, lo importante es que percibamos con la mente y el corazón que “el misterio último de Dios es un amor vivido en una unidad esencial, que Dios es como un misterioso hogar rebosante de amor y que el ser humano, creado a su imagen, no es un solitario, ya  que su ser también es comunión y amor”.

Es importante recordar cómo se fue manifestando Dios a la humanidad, dentro de la tradición judeo-cristiana: En el Antiguo Testamento, Dios se manifiesta como un ser único, personal, trascendente, como el “totalmente otro”. Esto marcaba una diferencia radical con las creencias religiosas de la época, que eran politeístas.

La encarnación del Hijo eterno  de Dios en Jesús es un paso gigantesco en este proceso de auto manifestación de Dios. Jesús afirma: “yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí”. Por medio de Jesucristo conocemos al Padre; Jesús nos enseña que Dios es, en sí mismo, comunión, que está lleno de vida, de conocimiento y de amor, y que quiere hacernos partícipes de esa riqueza.

A través de su predicación, Jesús reveló el Padre a sus discípulos; y cuando Él ya no estuvo visiblemente en medio de ellos, les envió al Espíritu Santo para que tuvieran la  claridad total sobre los designios del Padre.

Por eso podemos afirmar que la auto manifestación de Dios es gradual, y que llegó a su plenitud con el don del Espíritu Santo, quien nos enseña que Dios, en su intimidad, es unidad y comunión.

Uno de los retos más importantes como creyentes es lograr que toda nuestra espiritualidad lleve la impronta  de la Trinidad, y que en nuestra manera de orar y de celebrar  nos dirijamos a Dios que es unidad y comunión: Descubramos a este Dios que es, simultáneamente, Padre y Madre, que nos crea, que nos comunica su vida divina y que nos adopta como hijos e hijas.

Sintámonos muy cerca de su Hijo amado, que nos redime; Jesús es Dios que asume nuestra condición humana; Él es nuestra inspiración y nuestro modelo.

El Espíritu Santo es Dios guiándonos en la fe, confortándonos, motivándonos e iluminándonos en la búsqueda continua de la voluntad de Dios.

Al concluir esta meditación en la fiesta de la Santísima Trinidad, acerquémonos confiadamente a Dios que, a través de Jesucristo, se nos manifiesta como unidad y como comunión y ya que hemos sido creados a imagen de Dios, asumamos la tarea de hacer presente en la sociedad la unidad y la comunión. Que el Dios Trinitario sea nuestra inspiración en nuestro diario caminar para poder así elevar nuestros ojos a Dios y poderlo llamar AVA PADRE. Amén!

PENTECOSTES 2020

Año A: DIA DE PENTECOSTÉS

Hechos 2:1–21 / Salmo 104:25–35, 37 / 1 Corintios 12:3b–13 / San Juan 20:19–23

Hoy la Iglesia se viste de fiesta por que estamos celebrando el día de Pentecostés, que no es otra cosa que la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Su singular lugar en el crecimiento y desarrollo de la Iglesia va más allá de la relación doctrinal que existe en la Trinidad. El Espíritu Santo es enviado por el Padre y es derramado por el Hijo.

Una de las grandes promesas de Jesús fue, la de mandar el Espíritu Santo para que nos ayude a ser sus testigos. La palabra griega martyres, traducida como testigos, se usa en el Nuevo Testamento para referirse a los que han testificado aún hasta la muerte.

Nuestro Señor, por su experiencia humana, sabe que necesitaríamos ser investidos con el poder divino. Sería necesario que los débiles fueran fuertes; los indecisos, valientes. Los necios ahora debían ser sabios; los tímidos, intrépidos. Los de doble ánimo debían convertirse en personas de fuertes convicciones, todo esto gracias a la acción del Espíritu Santo.

Quien vive bajo el poder del Espíritu Santo, tiene el poder para enfrentarse con un enemigo astuto y hostil, tiene el poder de quedar siempre firme en su fe, tiene el poder para hacer milagros, curar, sanar enfermedades materiales y espirituales. Una persona que vive iluminada por el Espíritu Santo, será capaz de predicar la Palabra de Dios con el testimonio. Sus propias debilidades y temores interiores desaparecen, porque quien a Dios tiene, lo tiene todo.

La Sagrada Escritura nos habla del soplo divino que todo lo renueva, bajo la fuerza del Espíritu Santo todo renace, se vivifica, todo lo vuelve nuevo. El fuego del soplo divino purifica, da autenticidad y repara lo que no va en este mundo, en nuestra vida.

Dejemos que el Espíritu renueve nuestros corazones, encienda su luz en nosotros, que penetre en nuestra alma y sea nuestro consuelo, que nos enriquezca y llene nuestro vacío existencial, que nos envíe su aliento para vencer el pecado.

Los dones con los cuales somos bendecidos son siempre actuales, tales como: el don de sabiduría nos capacita para distinguir la realidad de la fantasía, nos hace encontrar el secreto de la felicidad. La inteligencia nos ayuda a distinguir los signos de los tiempos y aceptar los cambios necesarios. El don del consejo nos da la posibilidad de descubrir cuál es el buen camino que hay que seguir. La piedad nos ayuda a vivir la espiritualidad y nos aleja del materialismo. El don de la ciencia nos permite descubrir cómo son las cosas. El temor sano y reverente de Dios, nos hace realizar por amor lo que Dios espera de nosotros. La fortaleza es necesaria para asumir compromisos auténticos sin miedo al mañana.

La invitación que hoy nos hace el Señor es a sentirnos enviados a anunciar la Buena Nueva con la ayuda del Espíritu Santo para conseguir de verdad la vida eterna, porque es aquí caminando paso a paso que nos realizamos como verdaderos iluminados.

A voz alta hoy pidámosle: envía de nuevo, Señor, tu Espíritu para que renueve la faz de la tierra. Necesitamos que nos siga sosteniendo su fuerza, que nos siga encendiendo el fuego de su amor, a fin de ser brasas encendidas que iluminen y abriguen a este nuestro mundo, a nuestras familias, a nuestra comunidad, a esta nuestra sociedad muchas de las veces tan fría y tan llena de mezquindad, hipocresía, arrogancia y mediocridad.

Señor, haz que cada uno de los que hemos sido bautizados seamos testigos del Evangelio, profetas que anuncian y denuncian con su vida, más que con palabras, ese mensaje de fuego con el que Cristo incendió el mundo.

Queridos hermanos y hermanas, la acción del Espíritu Santo nos infunde liberación, porque nos hace vivir con una profunda sensación de libertad, seguros, siempre optimistas, persuadidos de que ningún mal ocurrirá, sin miedo a nada ni a nadie, nos hace vivir tranquilos también en los momentos difíciles, en las horas de lucha e incertidumbre, convencidos realmente que a quien Dios tiene lo tiene todo.

Todos estos dones nos llegan invocando el nombre del Señor. Invocarlo, no sólo pronunciarlo, no sólo diciendo Señor Señor. Se trata de algo más, de algo que sólo se puede conseguir bajo la iluminación del Espíritu Santo. Es El, el que llena los corazones de sus fieles con el fuego de su amor.

Hoy, fiesta de Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo, todos los que creemos en Cristo debemos pedir al Padre que nos llene de su Espíritu, del Espíritu de Cristo. Con el mayor fervor y con la mayor humildad posible debemos repetir hoy “Ven Espíritu Santo y enciende en nuestros corazones el fuego de tu amor”.

El Señor Resucitado, vencedor de la muerte, hoy también entra en mi casa, entra en mi existencia, entra en mi vida en tu vida y nos dice “paz a ustedes” y nos bendice con el don del Espíritu Santo. Esta paz a ustedes no es una paz estática una paz de los mediocres, es una paz valiente y dinámica, una paz que es fruto de la justicia y del amor. Es muy importante que los cristianos sembremos en el mundo este don de la paz, predicando con nuestra palabra y con nuestro ejemplo la justicia y el amor de Dios.

Recordemos siempre, nuestra razón de ser tendrá sentido cuando pongamos a Dios ante todo en cada uno de nuestros actos, aceptar a Jesús como nuestro Salvador y querer de todo corazón llenarnos del Espíritu Santo. El comprender la magnitud de lo bueno que el Espíritu Santo puede hacer por nosotros debe ser lo más importante, pues así podremos comprender lo que Dios quiere para nosotros, podremos escuchar su voz, para poder así hacer siempre su santa voluntad. Amén!

MEDITACION DEL DOMINGO 28 DE JULIO DEL 2019

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La Santa Escritura nos dice que fue uno de los discípulos, viendo cómo oraba Jesús, el que quiso saber cómo hacer lo mismo. Parece que este discípulo había visto la importancia de la oración para Jesús y los resultados milagrosos de ella.
En los próximos versículos, Jesús indica que la oración nuestra puede ser como la suya en intimidad, frecuencia y poder. Podemos acercarnos a Dios como nos acercamos a un padre amoroso y tierno. No es sólo Jesús quien le puede llamar Padre. Todos y cada uno de nosotros: ancianos, jóvenes, niños, ricos y pobres, podemos llamarle a Dios Padre.
El modelo de oración, nos indica que debemos darle honra a Dios en todo momento “santificado sea tu nombre” y que también debemos de alguna manera vivir o tener una vida como si estuviéramos delante de su trono “Venga tu Reino”. El reconocimiento de Dios como nuestro padre santificado nos pone en la posición de pedir su bendición como hijos e hijas.
El Señor, también sabe que necesitamos nuestro sustento diario y por esto también nos dice que lo pidamos “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Además de ello, el Señor sabe que el pecado forma parte de nuestra realidad. Necesitamos el perdón y eso no sólo una vez. Necesitamos tanto pan como perdón cada día.
Después de mostrar este ejemplo de oración, Jesús nos dice que debemos insistir sin cesar. En la última parte del Evangelio de hoy, nuestro Señor expone una parábola de un amigo que viene a medianoche a pedir un favor. Al fin, recibe lo que pide por su insistencias. Es la insistencia del suplicante lo que convence a mover los corazones y las voluntades.
Si un vecino antipático o un juez injusto pueden llegar al punto de darnos lo que pedimos, ¡cuánto más no puede darnos nuestro padre celestial!
Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, todo don viene del Padre, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.” De los buenos regalos que podemos recibir, Jesús menciona el mejor don que él va a enviar a sus discípulos: el Espíritu Santo. Con el Espíritu Dios ha sellado su pacto con nosotros. Con este inefable don. Dios nos garantiza su presencia cada momento de nuestra vidas, El está con nosotros, se mueve con nosotros, ríe, llora con nosotros. El no nos abandona jamás.
Y para que no desmayemos en nuestra cotidiana lucha, es el mismo Espíritu que nos ayuda a orar, como dice San Pablo: “De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”. Es El el que nos da la fortaleza para combatir el mal que nos acecha todo los días.
Orar es decirle, es contarle, es plantearle a Dios nuestras necesidades, pidan y se les darán, busquen y encontrarán, llamen y se le abrirá. Orar es pedir y poner todo en las manos del Señor. Orar es agradecer, es alabanza, orar es entender que toda mi vida la debo compartir con mi todo que es mi Padre.
Tenemos que ser sinceros con Dios, decimos siempre el padre nuestro, pero en realidad somos sinceros con él? No digas padre si cada día no te comportas como su hijo. No digas nuestro si vives aislado en tu egoísmo, no digas que estas en los cielos si solo piensas en las cosas de la tierra, no digas santificado sea tu nombre si no lo bendices ni lo honras, no digas venga a nosotros tu reino si lo confundes con el éxito material, ni digas hágase tu voluntad si no la aceptas cuando es dolorosa, no digas danos hoy nuestro si no te preocupas por la gente con hambre sin educación sin cultura sin ropa sin vivienda sin amor, no digas perdona nuestra ofensas si aún guardas rencor y no has decidido perdonar a quién te ha ofendido, no digas no nos dejes caer en tentación si deseas continuar con tus vicios, no digas líbranos del mal si no combates la injusticia y la violencia que la causa, no digas amén si repites como loro la oración de nuestro Señor.
Y recordemos siempre que jamás debemos de orar a Dios para un proceso de injusticia, el Espíritu Santo dará testimonio de nuestras vidas y si hay algo injusto no lo pidas a Dios si hay algo que no te pertenece no lo pidas a Dios si hay algo que el corazón te lo revela que no está en el marco y la voluntad de Dios no lo pidas, nunca hagas oración a Dios para llevar a cabo una conducta de injusticia. Ni tampoco vayamos ante Dios para establecer un mecanismo de apariencia.
Jamás ores como los hipócritas, porque a ellos les justa orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que todos los vean, les aseguro que ellos ya han obtenido su recompensa, nos dice la escritura. Pero tu cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto cierra la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto y así tu Padre que ve lo que haces en secreto te recompensará.
Cuando te pongas a orar no ores para auto justificarte; querido hermana y hermano qué hay de mi que Dios no conozca? qué palabras pueden existir en mi que yo haya dicho y que Dios no la sepa? es más, qué palabras pueden existir en mi pensamiento que Dios no las conozca? por tanto cuando ores entra en silencio de lo más intimo de tu ser y ahí habla con tu Padre Dios. Amén!

Counseling on Bioethics

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From September 2018, taking advantage of my research doctorate in bioethics, I am giving counseling on bioethics to all the people who need to know something about genetic engineering, topics such as assisted fertilization, abortion, surrogacy, the adoption and others.

Da Settembre 2018, approfittando del mio dottorato di ricerca in Bioetica, sto dando consulenze su bioetica a tutte le persone che hanno bisogno di sapere qualcosa sull’ingegneria genetica, argomenti tali come: la fecondazione assistita, l’aborto, la maternità surrogata, l’adozione e altri.

Desde Septiembre del 2018, aprovechando de mi doctorado de investigación en Bioética, estoy dando asesoramiento en bioética a todas las personas que necesitan saber lo relacionado con la ingeniería genética, temas tales como: la fecundación asistida, el aborto, la maternidad subrogada, la adopción y otros.

MEDITAZIONE DELLA DOMENICA DI PASQUA 2019

MEDITAZIONE DI DOMENICA DELLA RESURREZIONE

Cristo è risorto. Veramente È risorto!

È questa la verità della Pasqua, è questo il grido di giubilo che regna nel cuore di tutti noi, è questo l’annuncio che fa gioire i credenti. Cristo è risorto!

La Pasqua non è semplicemente una festa tra le altre feste, è “la festa delle feste”, così come l’Eucaristia è il sacramento dei sacramenti, perché la risurrezione di Cristo è il supremo intervento di Dio nella storia.

La risurrezione è il sigillo dell’autenticità divina di Cristo e della verità del suo Vangelo. La risurrezione, infatti, attesta che Cristo è veramente quello che ha affermato di essere, il Figlio, e cioè: il figlio del Dio vivente.

Per questo, sul fondamento sicuro della risurrezione, noi possiamo, dobbiamo dare a Cristo la nostra personale dedizione, la nostra completa fiducia per proclamare con forza e coraggio: Signore mio e Dio mio!, perché il fondamento della nostra fede è la risurrezione.

Il cristianesimo continua il suo cammino dentro la storia degli uomini perché può contare sulla presenza di Cristo che si è fatto uomo, è morto sulla croce, è stato sepolto ed è risorto.

Il correre di Pietro e di Giovanni si riflette il cammino di ogni uno di noi verso la fede nel mistero di Cristo risorto, e in quell’avventura è rappresentata l’avventura di ogni credente; è la corsa verso la certezza della risurrezione. Perché «se Cristo non è risorto, vana è la nostra fede». Ma poiché Cristo è risorto, nella storia dell’uomo ha fatto irruzione una potenza che porta il nostro mondo e la nostra esistenza in una dimensione nuova.

In Lui è risorto il mondo, il cielo e la terra: infatti, ci saranno cieli nuovi e terra nuova. Cristo risorto è l’inizio di una nuova umanità: dobbiamo assolutamente riscoprire oggi con gioia e stupore che per tutti, la resurrezione è il dono pasquale della luce che fa fuggire le tenebre, la paura e la tristezza; oggi dobbiamo riscoprire, che la resurrezione per tutti è il dono della pace che spezza le catene della violenza e dell’odio.

Oggi in questo giorno di Pasqua, tutti siamo invitati a pregare per quanti nel mondo soffrono a causa della violenza e dell’odio: Tutta la vita del cristiano deve essere Pasqua! È assolutamente necessario portare nella nostra città, nelle nostre famiglie, dentro il mondo del lavoro e della scuola come nel mondo della sofferenza, la serenità, la speranza e la fiducia che nascono dalla certezza della risurrezione di Cristo.

I primi apostoli annunciano nella persona di Gesù la risurrezione dei morti. Da qui appare chiaro che la risurrezione non è una delle verità cristiane, ma è la verità essenziale, questo certifica con assoluta certezza che dopo questa vita c’è la vita eterna.

Nel Cristo risorto, noi siamo chiamati, e realmente lo siamo, figli di Dio. Abbiamo così ritrovato quell’uomo “creato ad immagine e somiglianza di Dio” che era stato perso col peccato, ma che tuttavia aveva lasciato in ciascuno di noi una profonda e nostalgica esigenza.

La Pasqua è la speranza definitiva che, grazie alla presenza di Cristo Risorto, non potrà mai venire meno.
Da questa speranza pasquale, scaturisce la famosa frase: “Non lasciatevi rubare la speranza”, parole, che però si scontrano con la nostra realtà quotidiana, con quella di tanti giovani senza lavoro e dunque senza prospettive, di famiglie che non arrivano a fine mese, di minacce di morte imprevedibili come quella toccata ai morti degli attentati.

Guardando con fede la vita, la frase “Non lasciatevi rubare la speranza”, trova il suo fondamento, giustamente in quello che oggi celebriamo, e cioè: nella resurrezione di Cristo. Questo è il vero fondamento della nostra speranza ed è questo bellissima realtà che ci deve portare a vivere come veri figli di Dio. Amen!
REVDO. FRANCISCO ALBERCA